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Sentado en su falda,
combatiendo con el sueño,
sus pequeñas manos, llenas de inocente osadía,
le daban fuerza para mantenerse despierto,
aunque solo por momentos.
Mientras otros niños dormían,
su pueril solidaridad lo mantenía allí,
acompañando a papá
en la ruptura del silencio nocturno.
Las teclas del ordenador
eran tambores de ideas,
y él, el amo de la tecla ENTER,
imprimía el futuro de la niñez,
letras y números que fluían
del cerebro del padre
a la máquina que soñaba mundos mejores.
Y en la habitación vecina,
la madre, en un sueño ligero,
disipaba el cansancio
sin apartar la mirada del pequeño héroe
que convertía el amor familiar
en un acto de creación. 💫
✨ Reflexión
Hay noches en que el amor no duerme,
solo cambia de forma:
unas veces es teclado,
otras, caricia o sueño compartido.
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